Confinamiento, lidiando contra el estrés, la ansiedad y el malestar psicológico

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Confinamiento, lidiando contra el estrés, la ansiedad y el malestar psicológico

La actual pandemia se presenta como una situación excepcional para la especie humana. Más de la mitad de la población de la Tierra se encuentra confinada. Los niños privados de la posibilidad de disponer de espacio para expansionarse fuera del hogar. Los adultos y mayores con miedo a contraer la enfermedad, a contagiar sin querer, a convivir con posibles enfermos, a compartir espacios pequeños durante largos periodos, a una situación económica incierta, a la preocupación por los hospitalizados y a las posibilidades de perder a seres queridos.

Hay mucho tiempo para albergar pensamientos de todo tipo e imaginar situaciones diversas. La propia Organización Mundial de la Salud señala que, ante la situación presente y las perspectivas poco halagüeñas, es normal que una persona se sienta estresada, triste, confundida, asustada o enfadada. Que experimente periodos en los que aparecen más ideas negativas que positivas. Incluso sentimientos que fluctúan entre la desgana y la agresividad. ¿Qué podemos hacer con todo esto?

En primer lugar, es importante ser conscientes de lo que nos ocurre y aceptar tanto las ideas como los sentimientos que nos llegan. Reconocer que nos encontramos en un estado alterado o negativo permite reconducir la situación y dar pasos para modificar el proceso. A partir de ahí podemos optar por varias acciones que nos permitan tomar el control:

  • Hablar con otros, sobre todo aquellos que se encuentren fuera del espacio en el que podamos estar confinados. Quizá familiares, amigos o incluso otras personas que nos faciliten la comunicación. El ser humano es gregario y precisa el contacto con los demás. Compartir ideas o escuchar a otras personas produce un efecto benéfico en nuestro cerebro y emociones. Hablar por teléfono o emplear las videollamadas es una opción aconsejable.
  • Evitar exponernos de forma continuada a noticias negativas, de desgracias o desastres.
  • Dejar de alimentar nuestra mente con mensajes sesgados, relacionados con cualquier tendencia política, religiosa o cultural, elaborados con información tendenciosa o con intención desestabilizadora. Una actitud vigilante, crítica y equilibrada sobre lo que nos llega es muy importante.
  • Mantener una alimentación sana y equilibrada. Comer demasiado, ingerir alimentos desnaturalizados o consumir demasiados snacks y dulces, nos lleva a que el cuerpo y la mente sufran estrés añadido.
  • Dormir bien, intentado respetar los horarios habituales de acostarnos, de levantarnos y de comidas.
  • Evitar pensar en dificultades, problemas (incluso la búsqueda de soluciones) a partir de la puesta del sol. La luz natural del día tiene un efecto benéfico en nuestro cerebro que permite ver las situaciones de manera diferente (y generalmente más positiva) cuando realizamos análisis y pensamos en resolver problemas.
  • Arreglarse diariamente, evitando estar en pijama todo el tiempo
  • Establecer un horario de actividades y ceñirse al mismo
  • Ser empáticos con otras personas que puedan compartir el espacio con nosotros. Los demás también se alteran y necesitan desahogarse.

Por último, no olvide la radiónica y sus dispositivos. Puede programarse (y programar también a los demás), para mejorar su estado de ánimo con mucha facilidad. Para esto puede utilizar afirmaciones, programas automáticos (empleando software), ratios o incluso música especializada. Tener mayor dominio y posibilidades de acción diversa resulta más factible con un aparato radiónico a su disposición.

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