Peligro mortal en su dieta. Lo que debe saber

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Peligro mortal en su dieta. Lo que debe saber

Hay un total consenso en la comunidad científica sobre esto. Son malas. Son dañinas. Producen obesidad. Acumulan grasa en sus venas y arterias. Llevan a problemas de corazón y encima están relacionadas con el cáncer. Sin embargo, predominan en la dieta occidental moderna y cada día más productos la llevan.

Hablamos de las grasas trans. Hace muchos años se pensó que comer margarina era una opción mucho más sana que comer mantequilla. La primera tenía origen vegetal y la segunda origen animal. Se sabía que la grasa presente en la mantequilla terminaba por colapsar al organismo a medida que pasaba el tiempo y si no se consumía de manera muy restringida. Así que se dio la bienvenida a la margarina por su aparente procedencia inocua.

No obstante, el proceso para solidificar la grasa vegetal y convertirla en algo similar a la mantequilla implicaba una hidrogenación parcial de este compuesto. El resultado final, aunque visiblemente idéntico, resultaba con el tiempo incluso mucho más dañino que la mantequilla sobre el organismo.

El consumo de estas grasas de origen vegetal, pero de acabado “industrial”, está asociado a índices de mortalidad por múltiples motivos. Es decir, incrementan las posibilidades de fallecer de manera muy considerable por diversas enfermedades. Aumentan el llamado colesterol malo (LDL) y los triglicéridos, además disminuyen el llamado colesterol bueno (HDL).

 ¿Qué tipo de productos llevan estas terribles grasas trans? Pues precisamente los que más causan adicción y se consumen con mayor frecuencia. Ya hemos mencionado las margarinas (que deberían sustituirse por aceite de oliva), pero hay que mencionar a las pizzas, las hamburguesas, patatas fritas semipreparadas o que se sirven en los restaurantes de comida rápida (usan aceites para freír que contienen estas grasas), patatas fritas “chips” o de bolsa, churros, buñuelos, comida preparada en general y la mayoría de los helados. Atención especial a la bollería industrial y a los cereales del desayuno.

No se trata de no poder disfrutar de vez en cuando de este tipo de comida, sino de ser conscientes de los problemas que acarrea y de limitarla lo máximo posible para disminuir el riesgo.

¿Por qué mencionamos esto en un blog de radiónica? Porque además de que podemos ver el efecto dañino (o benéfico) de cualquier alimento sobre una persona con un dispositivo radiónico (simplemente midiendo si la vitalidad del sujeto analizado aumenta o disminuye), también podemos programarnos para adaptarnos a una alimentación más sana. Podemos influir sobre nuestros gustos y modificar poco a poco nuestras preferencias si empleamos un equipo de radiónica. Adaptarnos a parámetros más sanos de alimentación es posible sin sufrir. Si queremos disfrutar más de la vida es imprescindible mantener sano nuestro cuerpo. Piénselo.

 

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