Programar objetivos con radiónica

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Programar objetivos con radiónica

Antes de programar un objetivo es imperativo considerar lo que lleva aparejado la consecución del mismo. A veces, nos dejamos llevar por nuestra imaginación viendo sólo los aspectos que creemos valiosos, pero olvidamos que cualquier cosa a la que optemos tiene diferentes perspectivas que son importantes tener en mente.

Por ejemplo, muchas personas podrían pensar en poseer algo valioso de tipo material, como un lujoso vehículo. Esto implica un esfuerzo económico que no termina con la consecución de ese bien, sino que continua con el mantenimiento del mismo (seguro, recambios, mano de obra especializada, parking para evitar deterioros, etc.), esto sin contar con la rápida devaluación del mismo. Además, habría que ver cuál es el efecto que produce en nuestro entorno a nivel no sólo positivo sino también negativo. En relación a este último, desde llamar la atención de personas que pueden pensar en robarnos o dañarnos hasta despertar la envidia de otros que antes ni siquiera habían reparado en nosotros. Por supuesto, esto no pretende ser un freno a este tipo de objetivos, sino mostrar un ejemplo de cómo algo que podría ser muy bueno a primera vista, tiene también otras facetas anexas que se deben tener en mente (para tener presentes su solución) y que quizá pueden mantenerse escondidas como resultado de una reflexión demasiado superficial.

Lo comentado también puede aplicarse a objetivos no tangibles como conseguir un determinado puesto de trabajo, un aprendizaje específico o un logro deportivo, por citar sólo algunos.

Investigadores de la Universidad de Pensilvania desarrollaron una técnica que nos facilita ser realistas con lo que consideramos como opciones de interés y que permite establecer metas significativas que nos conduzcan a ser más felices. Es la técnica del pensamiento doble. Esta técnica sostiene que para comenzar cualquier proyecto es necesario ser un poco optimista y un poco pesimista en relación a lo que se persigue. Es decir, ver las cosas desde diferentes puntos de vista. Se debe anotar en un papel al menos dos beneficios evidentes que va a reportar el camino a recorrer y dos obstáculos que podemos encarar o que es fácil que vengan aparejados. Tomemos el ejemplo de prepararnos para un determinado puesto comercial, que repercutirá en un aumento de los ingresos, pero que limitará de forma importante nuestro tiempo libre y educar directamente a nuestros hijos pequeños. La primera ventaja es que dispondremos de más dinero para disfrutar de bienes materiales. La segunda es que disfrutaremos de un estatus mas elevado de cara a otros. Desde el punto de vista pesimista, necesitaremos mucho tiempo para prepararnos y limitaremos nuestro contacto con los niños, tanto para optar al puesto como para desarrollarlo si lo conseguimos. Además, tendremos que abandonar alguna afición que nos hace sentir muy bien y facilita nuestro equilibrio interior.

Cuando evaluamos los objetivos correctamente antes de decidir, viendo con realismo los diferentes aspectos que conllevan, tendremos más seguridad de que lo que perseguimos realmente nos interesa y además es bueno para nosotros. Podremos ser conscientes de los problemas que van aparejados y encontrar alternativas satisfactorias. De esta manera dispondremos de un impulso mayor si continuamos con la meta o por el contrario, descartar algo que, en realidad podría ser tanto una pérdida de tiempo como un impedimento para nuestra felicidad.

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