Situaciones adversas imprevistas

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Situaciones adversas imprevistas

Una cosa ha quedado muy clara para los seres humanos que vivimos en la actualidad. Dentro de la normalidad habitual y particular en la que cada persona está inmersa, siempre es posible la aparición de un fenómeno imprevisto que trastoque nuestras expectativas. Si el suceso es positivo, no tenemos nada que objetar, más allá del cambio producido. Si por el contrario es negativo, el proceso de adaptación y consecuente inquietud (o sufrimiento), puede ser muy importante.

La crisis del coronavirus ha señalado un antes y un después en prácticamente todas las actividades humanas. Ha habido muchas familias afectadas directamente por la propia enfermedad, con el fallecimiento de uno o varios de sus miembros. Hay personas que han quedado con secuelas importantes a pesar de haber superado la dolencia. Se ha originado una crisis económica de todavía incalculables repercusiones. Se han perdido multitud de empresas y de trabajos. Se han cerrado negocios de todo tipo. La enseñanza se ha visto afectada. Muchas personas han quedado desprotegidas a nivel económico y social. Ha habido una alteración de la conducta y de las relaciones. Muchas parejas han roto al verse sometidas a tensiones inesperadas. Incluso se han agravado dolencias físicas y mentales generales al no poder acceder la población a los recursos sanitarios habituales. Todo lo mencionado es una simple muestra entre otros múltiples aspectos que podrían considerarse.

El mundo moderno se ha enfrentado a una inesperada crisis de ámbito global como nunca antes había sucedido en tan escaso periodo de tiempo. Todavía no están claras las repercusiones futuras que todo esto acarreará. No obstante, la mayoría de los expertos consultados coinciden en señalar que serán destacables.

¿Quiénes han superado la crisis y tienen mayores posibilidades de prosperar? Sencillamente aquellas personas que han contado con mejores recursos. Nos referimos aquí a recursos físicos (mejor salud y formas de mantenerla), recursos económicos (trabajo adecuado, dinero, propiedades y maneras de generar ingresos), recursos sociales y relacionales (organizaciones, amistades y personas con capacidad para brindar ayuda) y recursos mentales (conocimientos, formas de afrontamiento eficaces, salud mental).

Al reflexionar sobre todo esto, podemos ver dónde está nuestra carencia y dónde necesitamos mejorar para poder hacer frente a cualquier otra contingencia futura del tipo que sea. No es posible controlarlo todo, pero sí podemos prepararnos con mejores herramientas tanto para nuestro presente como para el porvenir. La radiónica presenta enormes ventajas en este sentido. En realidad, es más que una simple herramienta más, porque nos puede facilitar obtener recursos que consideramos especialmente importantes. Nos permite actuar a nivel de bienestar físico y mental, nos permite programar objetivos y también enlazar nuestra situación actual con lo que llamamos “realidades mejoradas” en cualquier campo de nuestro interés. Sea cual sea este. No hace falta creer. Sólo experimentar, relajarse y disfrutar sintiéndose con mayor capacidad para dirigir su propio futuro.

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